La carta que
cambia a su hora
Desayunos por la mañana, menú al mediodía, cenas por la noche. La pantalla enseña lo que toca en cada franja y actualiza precios al momento — sin reimprimir cartas ni pegar precios nuevos encima de los viejos.
No es una pantalla:
es vender mejor
Un bar no compra tecnología. Compra que entre gente y que se pida lo que más margen deja.
El fútbol llena el bar, si se ve bien
Un partido grande —el Mundial, una final, un clásico— llena un local entero. Pero con un televisor pequeño la gente de las últimas mesas no ve nada y no vuelve. Una pantalla LED se ve desde cualquier punto, sin reflejos y sin marco cortando la imagen a mitad de una jugada.
La carta cambia sola a cada hora
Desayunos hasta las once, menú del día al mediodía, tapas por la tarde, cena a partir de las ocho. La pantalla enseña lo que toca en cada momento sin que nadie tenga que tocar nada.
Subes un precio y ya está cambiado
Sube el café o cambia el proveedor y el precio se actualiza al instante, en todas las pantallas del local. Sin reimprimir cartas, sin pegatinas encima del precio viejo, sin cartas antiguas circulando por las mesas.
Promociona lo que interesa vender
El postre que sobra, la cerveza de temporada, el menú de grupos. Puedes empujar un producto concreto en la franja en que se vende mejor, y cambiarlo mañana si no funciona.
Se ve desde la calle con sol
Aquí está la diferencia real con un televisor: un TV en un escaparate se ve lavado en cuanto le da la luz. Una pantalla LED tiene el brillo para competir con el sol, que es justo cuando pasa la gente.
Encendida doce horas al día, todos los días
Un televisor doméstico no está diseñado para eso y se degrada. Una pantalla LED profesional funciona en continuo, que es como trabaja un bar.
Sin marco, del tamaño que quieras
Los módulos se combinan: puedes hacer una tira alargada sobre la barra, un panel vertical junto a la puerta o cubrir una pared entera. Un televisor viene del tamaño que viene y con su marco.
Lo que pregunta
todo hostelero
¿Va bien para ver el fútbol y el Mundial?
Es una de las razones más habituales por las que un bar nos llama. Un partido grande llena el local, y ahí la pantalla decide si la gente vuelve: con un televisor, las mesas del fondo y los laterales ven mal, y el marco corta la imagen si se juntan dos aparatos. Una pantalla LED se monta del tamaño que haga falta, sin marco por medio y sin reflejos —que en un bar con ventanales o terraza es determinante—. Y aguanta partidos seguidos durante semanas sin degradarse, que es exactamente lo que pasa en un Mundial o una Eurocopa. Conviene planificarlo con margen: en las semanas previas a un torneo grande la demanda se concentra.
¿Por qué no pongo un televisor y ya?
Es la pregunta correcta, y para algunos casos un televisor vale. La pantalla LED gana en tres cosas concretas: brillo —se ve desde la calle con sol, un TV no—, durabilidad en uso continuo, y que no tiene marco ni tamaño fijo, así que se adapta al hueco que tengas. Si la pantalla va en una zona interior en penumbra y se enciende unas horas, un buen televisor profesional puede ser suficiente. Lo decimos aunque signifique vender menos: preferimos que la inversión tenga sentido.
¿Quién cambia el contenido? No tengo informático
Se gestiona desde el móvil o el ordenador con una interfaz sencilla, y se programa una vez: le dices qué enseñar en cada franja horaria y funciona solo todos los días. Formamos a tu equipo en el montaje, y para cambios puntuales —una promoción, un precio— se hace en un minuto.
¿Cuánto cuesta?
Depende del tamaño y de si va en interior o mirando a la calle. Es una inversión, no un gasto: si la pantalla te ayuda a vender un puñado de menús más al mes, se paga sola. Damos el número tras ver el local. [Pendiente de publicar: rangos orientativos por tamaño.]
¿Qué pantalla necesito para un restaurante?
En un restaurante la pantalla suele tener dos funciones distintas y conviene no mezclarlas. Hacia la calle o el escaparate, para captar a quien pasa, hace falta brillo alto porque compite con la luz del día. Dentro de la sala, en cambio, manda la discreción: se mira de cerca, así que el pitch tiene que ser fino y el brillo bajo, o resulta molesta durante la comida. Muchos locales resuelven con una superficie pequeña en el acceso y otra interior para la carta.
¿Sirve para la carta y el menú del día?
Es el uso más rentable en restauración. La carta se programa por franjas —desayunos, menú del día, tarde, cena— y cambia sola a la hora que le digas. Un cambio de precio o un plato agotado se actualiza al momento en todas las pantallas del local, sin reimprimir nada. Para cartas con muchas referencias suele funcionar mejor una tira alargada sobre la barra que una pantalla cuadrada.
¿Molesta a los clientes que están comiendo?
Si está mal dimensionada, sí, y es el error más común en restaurantes. Una pantalla pensada para verse desde la calle puesta dentro de la sala resulta agresiva a la hora de comer. Se corrige regulando el brillo según la franja horaria y eligiendo la ubicación de forma que no quede en el campo de visión directo de las mesas. Es parte de lo que decidimos en la visita.
¿Se puede poner en la terraza del restaurante?
Sí, pero tiene que ser de exterior: protección IP frente a lluvia y polvo, y brillo suficiente para verse con sol. Una pantalla de interior en una terraza se lava de día y no aguanta la intemperie. También hay que revisar la normativa municipal, porque en algunos municipios los elementos luminosos en terraza y en vía pública tienen limitaciones.
Tengo varios locales o una franquicia, ¿puedo controlarlos todos?
Sí, y es donde más se nota. El contenido se gestiona en remoto: se lanza una promoción o un cambio de precio a todos los locales a la vez, o solo a los que interese, sin desplazar a nadie. Cada local puede mantener además su propia programación para lo que sea suyo.
Vamos a ver tu local y te decimos qué encaja.
Dónde pasa la gente, cuánta luz entra y qué quieres promocionar. Con eso proponemos tamaño, ubicación y presupuesto — y si un televisor te sirve, también te lo decimos.
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